sábado, agosto 25, 2007

Donde está mi mente?



Le veo a través del cristal, su cuerpo se intuye a través de las finas láminas de la veneciana, su mirada serena se escapa por las rendijas y entonces vuelvo al teclado intentando concretar una información difusa sobre fiestas de la que tengo que hacer una pieza. Empiezo a inspirarme en lo que no debería, en esos ojos chulescos que sin embargo esconden una tremenda timidez. El puesto que ocupa le sirve para disfrazarla de distancia y frialdad pero sus palabras arden y se siente el calor,hablando de calor, tengo que volver a las fiestas, fiestas, fiestas, fiestas.

Empieza a subir la temperatura, voy dándole a la tecla y las palabras no armonizan, se me turba la mente, cigarro y después, tengo su mirada en el cogote. Odio ese tipo de intimidación, me dan ganas de volverme y decirle que al menos respete mi espacio vital ya que el sensorial ya lo ha ocupado. Desquiciado vuelve a su despacho, a la mirada esquiva entre las rendijas y a esa forma de sentarse frente al cristal simulando que mira la nada sin saber que la nada se extiende frente a él y va formando un imposible entre los dos que pugna por llegar a ser lo que nunca será, porque en el fondo los dos somos igual de estúpidos y estamos demasiado perdidos en nosostros mismos para dejar que nadie nos encuentre.

Al rato:
-Aquí tengo lo que me pediste,- le digo
- Eres muy lenta.- contesta
Y entonces le espeto con mirada maliciosa -Tú debes saberlo bien-

miércoles, agosto 01, 2007

Parece que las cosas van siguiendo su ritmo, arrancada a mordiscos la angustia vital de la indecisión ya sólo queda la esencia de lo que un día quise hacer.
Despojada del tiempo perdido, las noches en vela y las lágrimas de pura impotencia, vuelvo a resurgir para enfrentarme a ese mundo que de cuando en cuando me devora las entrañas.
Es tiempo de catarsis y hay que disfrutarlo dejando que la sonrisa vuelva a aparecer, aunque te sigan explotando, aunque tu mente se quede del mismo color que la hoja que tienes delante mientras escuchas como te exigen que termines ya lo que ni siquiera has empezado.
Es... ese momento en el que sabes que aunque pierdas este trabajo van a haber cincuenta más que van a estar igual de mal pagados.
Es el momento de ponerse el mundo por montera o de aprender a hacerlo.