Hace ya dos años desde que te ví la primera vez y la verdad es que fue ver tus ojos y no poder dejar de mirarlos.
Decían muchas cosas, pero lo que más me gustaba es que tenías una mirada limpia y muy expresiva, en ellos veía misterio, deseo... pero casi siempre curiosidad.
Lo que más me gustaba es que cuando los buscaba, siempre estaban ahí, mirando, no es que estuvieran siempre fijos pero cuando los buscaba siempre respondían y... aquello me encantaba.
Pasó el tiempo y no me atrevía a decirte nada, tú tampoco... solo nos mirábamos.
Tú pensabas que iba con mi novio pero no era mi novio sino mi amigo. Las apariencias siempre engañan.
Al final, cuando me decidí a conocerte, ese día te fuiste, pero conseguí localizarte, todo gracias a mi amigo el liante.
Perdí mucho tiempo pero ahora tenía una oportunidad y no la quise desaprovechar.
No sé porque pero cuando pasa algo bueno, en seguida se esfuma, intento atraparlo pero se me escurre entre los dedos. Contigo no quise que pasara, quería conocerte porque me parecías muy interesante. Diferente.
En el último momento solo pensaba que tardaría tiempo en volver a verte y fue cuando vinieron los malos entendidos, un beso, un "soy muy difícil" y zas... se escapó mi oportunidad.
Ahora me tengo que conformar con tu indiferencia que es lo que menos me gusta. Eché a perder la ocasión pero es que en ese momento es lo que me salía hacer.
Ahora ya está hecho y no puedo rebobinar, además tampoco sé si lo haría, solo te pido que cuando te vuelva a ver, mejor no digas nada, deja que tus ojos hablen por tí y entonces lo entenderé todo.
Sería más fácil para mí guiarme por el sentido común, pero en estas cosas la lógica no vale. ;)
Breve, dos veces bueno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario