Dentro de unas horas estaré ya metida en el barco, cuatro horas en las que dormiré un poco con el vaivén de las olas, hasta que por fin empiece a dibujarse en el horizonte su silueta, sus barcos amarrados al puerto y sus casas blancas sobre la ladera del Puig.
Entonces empezaré a sentir esa emoción que me embarga cada vez que llego allí y cuando por fin el barco amarre podré decir para mis adentros otra vez: ¡Bienvenida a la isla blanca!
Esta noche me voy a Ibiza, aún no me ha dado tiempo de asimilarlo, estoy como si hoy fuese un domingo más de curro y después a casita pero, hoy no, hoy me espera el paraíso.
Ya empieza a entrarme el cosquilleo...
1 comentario:
Diviértete mucho. Todos necesitamos una Ibiza particular para el descanso del guerrero. Te deseo lo mejor para estos días. Me gusta tu blog.
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